EL CASO CARTER PAGE

OISCOT

OBSERVATORIO INTERNACIONAL DE SEGURIDAD, CRIMEN ORGANIZADO Y TERRORISMO

 

EL CASO CARTER PAGE

 

XAVIER HORCAJO

Asesor/Analista A-GLOSS Agency of Global Security Services 

La opinión pública norteamericana está aturdida por el caso de Curtis Page. En mitad de la llamada “trama rusa” que investigó injerencias de la inteligencia de Putin en las elecciones norteamericanas de 2016, aparecieron dos ciberataques muy graves. En primer lugar, que los sistemas de comunicación de la contrainteligencia de Estados Unidos habían sido “perforados” por los rusos (2010) con el ánimo de proteger a sus agentes en suelo norteamericano. Un grupo de supuestos espías rusos fueron arrestados. El segundo ataque, de que se habla menos, fue que los espías chinos habían pirateado lo propio con los sistemas de la NSA.  

En 2013 fueron filtradas presuntas conexiones de la candidatura presidencial de Donald Trump con altos funcionarios próximos a Putin. Tres años después 35 diplomáticos rusos fueron expulsados por Washington. Un medio de comunicación global (Yahoo News) comenzó a hablar de Carter Page, ayudante de política exterior (él dice que voluntario) de la candidatura de Trump, situándolo en el ojo del huracán de la supuesta conspiración y de las investigaciones del Fiscal general, William Barr. Page fue oficial de inteligencia naval hasta 1998 y vivió en Moscú entre 2008 y 2013 como representante de la empresa Global Energy Capital, una empresa del gas y el petróleo. Se tejió una trama –algo burda- según la cual Page coordinaba contactos con dos hombres próximos a Putin (Igor Sechin e Igor Divyekin) para “obtener material crítico sobre Hillary Clinton, la rival de Trump.

descargajpg

La CIA tuvo que reconocer que Carter Page era un “operational contact” entre 2008 y 2013. Como ya pasaba en tiempo de los romanos, la duda era ¿Quién vigila a nuestros vigilantes” (Quis custodiet ipsos custodes?, en frase del poeta Juvenal). El FBI desarrolló una investigación, nombre código: Crossfire Hurricane (412 páginas). Una carta de Page le incriminaba como “informal adviser” de los servicios rusos. Se le vigiló a fondo. La conclusión fue que “no se obtuvieron evidencias directas” de que ningún “agente exterior” norteamericano trabajó con el Kremlin. El informe negativo llevaba la firma de Robert Mueller, a la sazón director del FBI. Carter Page tuvo que testificar ante la FIA (Foreing Intelligence Surveillance). No hubo cargos contra él. Mientras, los congresistas y senadores se ponían las botas y restregaban por el fango el nombre de Carter Page.

El inspector general designado Michael Horowitz concluyó que en el informe del FBI hubo “omisiones y errores” A ellos se abraza Carter Page amenazando con acudir a la Corte Suprema en sus sorprendentes entrevistas con Fox News o MSNBC. Fue una brillante operación que encubría la fragilidad de los sistemas del FBI y de la NSA. Todos miraron el dedo que señalaba la luna. El cabeza de turco Page avivó el juego socio político doméstico y costó algunas cabezas; pero, por encima de todo, desprestigió a las agencias ante los electores y dio mucho juego a la prensa. Lo peor es que dejó en la oscuridad la enorme fragilidad de las agencias del país más poderoso del mundo ante los ataques informáticos.